Texto de Julio Cortazar.
Cada memoria enamorada guarda sus magdalenas y la mía -sábelo, allí donde estés- es el perfume del tabaco rubio que me devuelve a tu espigada noche, a la ráfaga de tu más profunda piel. No el tabaco que se aspira, el humo que tapiza las gargantas, sino esa vaga equívoca fragancia que deja la pipa, en los dedos y que en algún momento, en algún gesto inadvertido, asciende con su látigo de delicia para encabritar tu recuerdo, la sombra de tu espalda contra el blanco velamen de las sábanas.
No me mires desde la ausencia con esa gravedad un poco infantil que hacia de tu rostro una máscara de joven faraón nubio. Creo que siempre estuvo entendido que sólo nos daríamos el placer y las fiestas livianas del alcohol y las calles vacías de la medianoche. De ti tengo más que eso, pero en el recuerdo me vuelves desnuda y volcada, nuestro planeta más preciso fue esa cama donde lentas, imperiosas geografías iban naciendo de nuestros viajes, de tanto desembarco amable o resistido de embajadas con cestos de frutas o agazapados flecheros, y cada pozo, cada río, cada colina y cada llano los hallamos en noches extenuantes, entre oscuros parlamentos de aliados o enemigos. ¡Oh viajera de ti misma, máquina de olvido! Y entonces me paso la mano por la cara con un gesto distraído y el perfume del tabaco en mis dedos te trae otra vez para arrancarme a este presente acostumbrado, te proyecta antílope en la pantalla de ese lecho donde vivimos las interminables rutas de un efímero encuentro.
Yo aprendía contigo lenguajes paralelos: el de esa geometría de tu cuerpo que me llenaba la boca y las manos de teoremas temblorosos, el de tu hablar diferente, tu lengua insular que tantas veces me confundía. Con el perfume del tabaco vuelve ahora un recuerdo preciso que lo abarca todo en un instante que es como un vórtice, sé que dijiste " Me da pena, y yo no comprendí porque nada creía que pudiera apenarte en esa maraña de caricias que nos volvía ovillo blanco y negro, lenta danza en que el uno pesaba sobre el otro para luego dejarse invadir por la presión liviana de unos muslos, de unos brazos, rotando blandamente y desligándose hasta otra vez ovillarse y repetir las caída desde lo alto o lo hondo, jinete o potro arquero o gacela, hipogrifos afrontados, delfines en mitad del salto. Entonces aprendí que la pena en tu boca era otro nombre del pudor y la vergüenza, y que no te decidías a mi nueva sed que ya tanto habías saciado, que me rechazabas suplicando con esa manera de esconder los ojos, de apoyar el mentón en la garganta para no dejarme en la boca más que el negro nido de tu pelo.
Dijiste "Me da pena, sabes", y volcada de espaldas me miraste con ojos y senos, con labios que trazaban una flor de lentos pétalos. Tuve que doblarte los brazos, murmurar un último deseo con el correr de las manos por las más dulces colinas, sintiendo como poco a poco cedías y te echabas de lado hasta rendir el sedoso muro de tu espalda donde un menudo omóplato tenía algo de ala de ángel mancillado. Te daba pena, y de esa pena iba a nacer el perfume que ahora me devuelve a tu vergüenza antes de que otro acorde, el último, nos alzara en una misma estremecida réplica. Sé que cerré los ojos, que lamí la sal de tu piel, que descendí volcándote hasta sentir tus riñones como el estrechamiento de la jarra donde se apoyan las manos con el ritmo de la ofrenda; en algún momento llegué a perderme en el pasaje hurtado y prieto que se llegaba al goce de mis labios mientras desde tan allá, desde tu país de arriba y lejos, murmuraba tu pena una última defensa abandonada.
Con el perfume del tabaco rubio en los dedos asciende otra vez el balbuceo, el temblor de ese oscuro encuentro, sé que una boca buscó la oculta boca estremecida, el labio único ciñéndose a su miedo, el ardiente contorno rosa y bronce que te libraba a mi más extremo viaje. Y como ocurre siempre, no sentí en ese delirio lo que ahora me trae el recuerdo desde un vago aroma de tabaco, pero esa musgosa fragancia, esa canela de sombra hizo su camino secreto a partir del olvido necesario e instantáneo, indecible juego de la carne oculta a la conciencia lo que mueve las más densas, implacables máquinas del fuego. No eras sabor ni olor, tu más escondido país se daba como imagen y contacto, y sólo hoy unos dedos casualmente manchados de tabaco me devuelven el instante en que me enderecé sobre ti para lentamente reclamar las llaves de pasaje, forzar el dulce trecho donde tu pena tejía las últimas defensas ahora que con la boca hundida en la almohada sollozabas una súplica de oscura aquiescencia, de derramado pelo. Más tarde comprendiste y no hubo pena, me cediste la ciudad de tu más profunda piel desde tanto horizonte diferente, después de fabulosas máquinas de sitio y parlamentos y batallas. En esta vaga vainilla de tabaco que hoy me mancha los dedos se despierta la noche en que tuviste tu primera, tu última pena. Cierro los ojos y aspiro en el pasado ese perfume de tu carne más secreta, quisiera no abrirlos a este ahora donde leo y fumo y todavía creo estar viviendo. (*)
(*) Fuente: "Tu más profunda piel", en Ultimo round, Buenos Aires, Ed. Siglo veintiuno editores, 1969, pp.93-96.
martes, 16 de septiembre de 2008
martes, 17 de junio de 2008
Hastío
Quiero volver a creer que el día de mañana no será igual al de hoy o el mismo que el de ayer; necesito hacerlo para no dejar de soñar, y poder continuar con vida.
sábado, 1 de marzo de 2008
El recuerdo de quien fuiste
Tal vez, aunque quiera pensar lo contrario, ésta no será la última vez que escriba pensando en tí, porque presiento que de una manera irremediable me seguirás doliendo eternamente; ahora por ser la representación misma de la explicación no dada y del sentimiento herido, quizas después tan sólo como la cicatriz dejada por lo que creí una amistad que marcó mi vida.
La parte de la amistad pueden debatirla con soltura, no pelearé más por defender mis intenciones, finalmente si tú no lo creíste así, la opinión de los otros qué más puede interesarme; pero lo de marcar mi vida nadie podría negarlo; además de mis heridas, dejas en mí los recuerdos más gratos de momentos bellos y acciones maravillosas que atesoraré siempre en mi corazón
Realmente espero poder vivir con la duda, es más, lo más seguro es que no tenga opción, aunque cada vez que pienso en lo que pudo haber sucedido, me pierdo en un sin fin de posibilidades que terminan atacándome sin saber cuál es a la que debo darle credibilidad. Es innegable que en esta vida, de lo único que no careceremos es de ironía, un tanto para mantenernos ocupados y otro poco para que el destino se burle un poco.
Lo anterior es en referencia a que no creo que en nuestros pronósticos hayamos pensado llegar a esto, por lo menos yo no. Me cuesta aceptar lo duro que es crecer, pues por lo visto implica romper con algo; llámese pasado o llámese el corazón de quien nos quiere sinceramente.
Me parece difícil pero mi intención no es ponerme triste, por el contrario es tratar de comenzar a aceptar mi nueva realidad como tú pareces haberlo hecho, al parecer te ha sentado bien el cambio, de alguna manera siempre fue lo que quise ayudarte a ver, la vida es de uno mismo y nadie tiene derecho a negarnos vivirla, y me tranquiliza saberte libre.
Entiendo, fue egoista de mi parte pensar que podía lograr ese cambio en ti, me alegra ver que lo has logrado sin ayuda de nadie, eso es lo que realmente vale. ¿Me hubiera gustado vivirlo a tu lado? Por supuesto, pero me consuela que lo hayas consumado.
Me cansé de sentir terror al pensar si esto fue justo o no; si lo merecía o no; si fue mi culpa o no; si realmente existió una razón, me cansé de que me doliera que preguntaran por tí y no poder contestar porque simplemente ya no sabía nada. Decidí entonces conservar el recuerdo de lo que fuimos y olvidar lo que pensamos que siempre seríamos porque eso me estaba haciendo demasiado daño.
Ahora, ya lo ves, te escribo no por primera y seguramente tampoco por última vez, porque decido también que aunque tal vez el olvido total te complacería y aliviaría la conciencia de cualquiera, en mi caso escojo preservar tu recuerdo en mi memoria, el recuerdo de los maravillosos momentos que pasamos.
Elijo también que mi vida marque para siempre con cada latido de mi corazón la memoria de las tardes de café y de risas, de cigarros y humo escondidos, de alcohol envenenado por las lágrimas de nuestros dolores que aunque profundos, eran aminorados por la grata compañía que me brindabas y por la eterna promesa jamás pronunciada (pues nunca lo creímos necesario) de no romper jamás nuestra amistad.
Esos recuerdos serán el lugar recurrente y preferido que elija mi mente para descansar de las penas de la vida que por lo visto cada vez será más dura; pero sólo eso , mis recuerdos, los mismos que a pesar de todo nadie podrá arrebatarme. Esta es mi manera de despedirme de tí, de aquella persona que fuiste, a quien tanto quise y a quien de verdad nunca dejaré de extrañar.
Por lo visto siempre hay una cancion ya escrita para todo y ésta es la que viene a mi mente.
La rosa de los vientos
Sí siembras una ilusión
Y la riegas con tu amor
Y el agua de la constancia
Brotará en ti una flor
Y su aroma y su calor
Te arroparán cuando todo anda mal.
Sí siembras un ideal
En la tierra del quizás
Y lo abonas con la envidia
Será imposible arrancar.
La maldad
De tu alma si en ella echó raíz.
Y que mi luz te acompañe
Pues la vida es un jardín
Donde lo bueno y lo malo
Se confunden y es humano
No siempre saber elegir.
Y sí te sientes perdido
Con tus ojos nos has de ver.
Hazlo con los de tu alma
Y encontrarás la calma
Tu rosa de los vientos seré.
Sí siembras una amistad
Con mimo plántala
Y abónala con paciencia
Pódala con la verdad
Y transplántala con fe
Pues necesita bien poder crecer
Sí te embriagas de pasión
Y no enfrías tu corazón
Tartamudearán tus sentidos y quizás
Hablará sólo el calor y no la razón
Es sabio contar hasta diez.
La parte de la amistad pueden debatirla con soltura, no pelearé más por defender mis intenciones, finalmente si tú no lo creíste así, la opinión de los otros qué más puede interesarme; pero lo de marcar mi vida nadie podría negarlo; además de mis heridas, dejas en mí los recuerdos más gratos de momentos bellos y acciones maravillosas que atesoraré siempre en mi corazón
Realmente espero poder vivir con la duda, es más, lo más seguro es que no tenga opción, aunque cada vez que pienso en lo que pudo haber sucedido, me pierdo en un sin fin de posibilidades que terminan atacándome sin saber cuál es a la que debo darle credibilidad. Es innegable que en esta vida, de lo único que no careceremos es de ironía, un tanto para mantenernos ocupados y otro poco para que el destino se burle un poco.
Lo anterior es en referencia a que no creo que en nuestros pronósticos hayamos pensado llegar a esto, por lo menos yo no. Me cuesta aceptar lo duro que es crecer, pues por lo visto implica romper con algo; llámese pasado o llámese el corazón de quien nos quiere sinceramente.
Me parece difícil pero mi intención no es ponerme triste, por el contrario es tratar de comenzar a aceptar mi nueva realidad como tú pareces haberlo hecho, al parecer te ha sentado bien el cambio, de alguna manera siempre fue lo que quise ayudarte a ver, la vida es de uno mismo y nadie tiene derecho a negarnos vivirla, y me tranquiliza saberte libre.
Entiendo, fue egoista de mi parte pensar que podía lograr ese cambio en ti, me alegra ver que lo has logrado sin ayuda de nadie, eso es lo que realmente vale. ¿Me hubiera gustado vivirlo a tu lado? Por supuesto, pero me consuela que lo hayas consumado.
Me cansé de sentir terror al pensar si esto fue justo o no; si lo merecía o no; si fue mi culpa o no; si realmente existió una razón, me cansé de que me doliera que preguntaran por tí y no poder contestar porque simplemente ya no sabía nada. Decidí entonces conservar el recuerdo de lo que fuimos y olvidar lo que pensamos que siempre seríamos porque eso me estaba haciendo demasiado daño.
Ahora, ya lo ves, te escribo no por primera y seguramente tampoco por última vez, porque decido también que aunque tal vez el olvido total te complacería y aliviaría la conciencia de cualquiera, en mi caso escojo preservar tu recuerdo en mi memoria, el recuerdo de los maravillosos momentos que pasamos.
Elijo también que mi vida marque para siempre con cada latido de mi corazón la memoria de las tardes de café y de risas, de cigarros y humo escondidos, de alcohol envenenado por las lágrimas de nuestros dolores que aunque profundos, eran aminorados por la grata compañía que me brindabas y por la eterna promesa jamás pronunciada (pues nunca lo creímos necesario) de no romper jamás nuestra amistad.
Esos recuerdos serán el lugar recurrente y preferido que elija mi mente para descansar de las penas de la vida que por lo visto cada vez será más dura; pero sólo eso , mis recuerdos, los mismos que a pesar de todo nadie podrá arrebatarme. Esta es mi manera de despedirme de tí, de aquella persona que fuiste, a quien tanto quise y a quien de verdad nunca dejaré de extrañar.
Por lo visto siempre hay una cancion ya escrita para todo y ésta es la que viene a mi mente.
La rosa de los vientos
Sí siembras una ilusión
Y la riegas con tu amor
Y el agua de la constancia
Brotará en ti una flor
Y su aroma y su calor
Te arroparán cuando todo anda mal.
Sí siembras un ideal
En la tierra del quizás
Y lo abonas con la envidia
Será imposible arrancar.
La maldad
De tu alma si en ella echó raíz.
Y que mi luz te acompañe
Pues la vida es un jardín
Donde lo bueno y lo malo
Se confunden y es humano
No siempre saber elegir.
Y sí te sientes perdido
Con tus ojos nos has de ver.
Hazlo con los de tu alma
Y encontrarás la calma
Tu rosa de los vientos seré.
Sí siembras una amistad
Con mimo plántala
Y abónala con paciencia
Pódala con la verdad
Y transplántala con fe
Pues necesita bien poder crecer
Sí te embriagas de pasión
Y no enfrías tu corazón
Tartamudearán tus sentidos y quizás
Hablará sólo el calor y no la razón
Es sabio contar hasta diez.
martes, 19 de febrero de 2008
La intransigencia cultural o "Si tienes hijos que los cuide tu mamá"

En alusión al blog http://www.hekshart.blogspot.com/ entrada del 17 de febrero.
Mi primera entrada del año...podría tratar de poner al corriente de mi vida y obra a mis distinguidos lectores, pero por desgracia sospecho con bases sólidas que en realidad no existen. Además en caso de que algún despistado o despistada pasara por aquí, tal vez notará que mi carencia de entradas se debe a una terrible acumulación de apatía.
Sin embargo esta vez, y sólo por esta ocasión escribiré tratando de ser clara y concisa, y es que la situación realmente lo amerita, pues supongo que dejarlo pasar sería negligente incluso para mí en este momento en donde la acedía gobierna mis actos.
Y es que sin sospecharlo, el sábado por la mañana ocurría un extraño y engañoso evento en alguna parte del centro de la bella Ciudad de Oaxaca, en el cual se puso de manifiesto que en cuestión de desarrollo y apertura mental nos falta muchísimo, y después nos preguntamos por qué Oaxaca está en los últimos niveles de educación o desarrollo.
Me atrevo a afirmar lo anterior, puesto que incluso en los recintos en donde se supondría que se pudiera hallar mayor grado de desarrollo intelectual (con todo lo que ello implica, desde inteligencia, sensibilidad e incluso respeto)como lo son los museos, se vivió un vergonzoso caso en donde a una estudiante que a su vez es madre de una niña de 6 años, se le impidió la entrada al diplomado que cursa en un famoso museo (El de los pintores), pues según le explicaron, había una nueva disposición en la que se prohibía el acceso de los niños a dicha sala del museo.
Supongo que pueden pensarse en tres mil razones para que la directiva de un museo llegara a una resolución tan absoluta como negarle el acceso a un niño, algunas de ellas podría ser que pues las clases están pensadas para adultos, que la niña distrae a los facilitadores o a los alumnos, que se ponen en peligro las obras expuestas o simplemente que las instalaciones no son seguras...no sé las otras 2996. Es decir que cualquier persona con tres dedos de frente o tantito sentido común puede incluso buscar una explicación acertiva para justificar tan impositiva decisión, y más tratándose de quien se jacta de dirigir un museo.
Pero siguiendo la tradición de no medir las consecuencias de nuestras palabras y escupir lo primero que se viene a nuestra mente (hay quienes no conocen nada sobre relaciones humanas), sucedió que la explicación que se le dio a la madre en cuestión, fue simplemente que pues las estudiantes que también son madres tienen que aprender a organizarse.
Según el relato que me hizo la parte ofendida, la subdirectora del museo fue quien le pidió que se organizará y comenzó a darle sugerencias tan innovadoras como la siguiente que de entre toda la sarta de tonterías me pareció aberrante en exceso...-¿Por qué no le dices a tu mamá que te cuide a la niña?-. Justo después de esto me gustaría realmente colocar el típico "jaja" de la risa sarcástica...pero ni siquiera eso...me cuesta el sarcasmo ante tal estupidez.
Es decir, me encanta que la mujer tratara de arreglar la incómoda situación mediante argumentos y consejos propios de alguien surgido de una sociedad intolerante y ridículamente atrasada, supongo que no se enteró que los tiempos en que una mujer tenía que decidir entre ser madre o profesionista ya fueron aunque gente como ella trate de revivirlos.
Y aunque suene a exageración de mi parte, creo que este comportamiento no se aleja mucho de ese extremo caso, es como decir que si aspiras a poder estudiar algo más, tienes que olvidarte dos horas o lo que dure de tu papel o rol de madre. Resulta ahora que los nuevos estándares educativos plantean pues el desarrollo de una mujer u hombre, a costa de la convivencia con los hijos. Es decir que es más saludable y aceptado alguien que para desarrollarse individualmente deje a su hijo frente al televisor o computadora o al cuidado de alguien más (que a veces puede ser peor), antes que tratar de preservar la convivencia en fin de semana.
Hablemos además de que la presencia de la niña en dicho curso no es constante, y que la niña no es un ser irracional incapaz de mantener el orden cuando se le pide, incluso, mencionemos que su madre no es para nada una inconsciente que se haga tonta si nota que su hija interrumpe la clase.
¿Y por qué no?, hablemos también de que en último de los casos el único problema está en la falta de ética o simplemente de acertividad...tal vez sea cierto que existan mil razones válidas para que una niña no entre a un diplomado, pero también lo es el hecho de que la manera en la que la subdirectora del museo trató el asunto, fue por demás estúpida, porque el método fue hiriente y por demás inapropiado y la única causa de que eso siga ocurriendo en pleno 2008 es porque no estamos acostumbrados a alzar la voz.
Definitivamente, comprendo a HeksHart que es la verdadera protagonista de la historia, porque también he sido marcada por mi mala costumbre de no callarme lo que me molesta y que considero injusto, por hacerle notar a la gente sus errores y he sido señalada por aceptar los míos, porque dentro del círculo de las apariencias, el peor delito es no rendir pleitesía a quien antes de mencionar su nombre escupe su curriculum.
Es probable que mis costumbres chilangas y mi marcado afán por jamás sentirme lamebotas, sean las principales causas de que me sienta tan extraña conviviendo en una sociedad como ésta, capaz de linchar y condenar a las personas por motivos completamente triviales y estúpidos (a mi parecer, tales como divorcios, amistades sinceras)y capaces de ensalzar, otorgar un trato distintivo y solapar a quienes cometen actos tan sospechosos y terribles como los ya relatados.
No lo entiendo como tantas otras cosas en la vida, trato de no juzgar pero me afecta el saberme inmersa entre personas que serían capaces de colocar letreros diciendo "Se prohibe la entrada con alimentos, mascotas o niños", y luego vanagloriarse de estar aportando algo a la cultura del estado.
Tal vez deberíamos dejar de pensar que cultura sólo se refiere al arte y la capacidad que alguien tenga de montar una exposición, la cultura empieza en la manera en la que tratamos a los demás y la formación ética que podamos demostrar. De qué le serviría conseguir toda la obra de Tamayo, o prestar las instalaciones de un museo para un diplomado, si ni siquiera sería capaz de sensibilizarse o argumentar mejor sus arbitrarias decisiones, y ya no se diga porque es madre y mujer, sino por mantener si quiera el prestigio de la institución que representa.
He aquí una prueba más de que nos falta mucho camino que recorrer educacionalmente, nos falta entendernos más como individuos para poder exigir como sociedad. Ni siquiera podemos presumir de comprender o empatizar con los demás, tal vez para quien no tenga mucho contacto con la gente se pueda justificar, pero no para la subdirectora de un museo, fuente cultural del estado.
En realidad no la conozco y tampoco me interesa, pero por si las dudas le dejo este consejito: "Señora Emperatriz, antes de tomar decisiones hay que pensar en las consecuencias, después pensar en cómo sustentarla y cómo decirlo, lo mejor es hacerlo de manera menos hiriente...debe creerme cuando le digo que todo esto hubiera podido evitarse avisando un día antes sin exhibir a nadie, y menos cuando no tenía muy claro el asunto".
Les remito al blog de HeksHart en donde narra los detalles de lo ocurrido...qué mejor que ir a la fuente del problema.
Karlota
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