sábado, 17 de noviembre de 2007

Fastidiosas Reflexiones

Decir que estoy harta no va muy bien ni con la educación y sería una manera terrible de descargar mi frustración, sin hacer justicia a las cosas que si bien no son como lo esperaba, por lo menos me han permitido mantenerme ocupada y han hecho mi existencia menos pesada. Después de que toda la semana estuve completamente fuera de mí pensando en lo que pudo ser y no es; en lo que quiero y no puedo; y en lo que me gustaría y no me atrevo...finalmente decidí sacudirme y seguir adelante con nueva visión.
De repente son tantas cosas las que debo resolver, que tampoco me convierten en martir pero sí en alguien desesperado. Ya antes he dicho que el hartazgo no es digno de mí, pero sí el hastío. Cada vez esmás evidente que estoy completamente fuera de lugar, he tratado de aparentar desde que regresé pero ya no doy más; de pronto la burbuja que construí para cifrar mi vida ha sido rota por algo que tarde o temprano debía suceder; decidí dejar de engañarme.
He esperado mucho de seres ajenos que en realidad ni siquiera me toman en cuenta; he cimentado mis valores en amistades que de buenas a primeras me dan la espalda en cuanto vuelvo atener un proyecto de vida y finalmente convivo con seres infinitamente lejanos a mí.
Son tan lejanos que ya no puedo seguir fingiendo interés en sus pláticas; me he sumergido en un círculo de presunción injustificada, de traiciones de quienes presumen amistad; de personas de mi edad que no son más que ignorantes; no presumo ser una eminencia en ningún punto, sólo afirmo que somos idiotas en distintos sentidos.
Creo que tengo derecho a juntarme con imbéciles de mi misma calaña; ese es el derecho más honroso a la estupidez; pero no me pidan que siga fingiendo no darme cuenta de sus tontas presunciones y de sus miserables aspiraciones que no van más allá de su naríz. Por desgracia, la ciudad te maltrata, te duele, te mata un pedazo... pero aminora la soberbia o por lo menos te permita saber de qué lado de la mediocridad te mueves.
Esta semana esperé respuestas, no las encontré ni en aquéllos a quienes las pedí con lastimeras lágrimas y acongojadas confesiones; con turbadas frases y humildes saludos...sólo hay dos personas frente a las que me permito ese tipo de debilidad y yo soy una de ellas; espero aún mi resolución, pues el otro personaje decidió cambiar el tema, dejando en claro la relevancia, aunque, ¿qué puedo pedir ante quienes tampoco tienen idea de nada?...simplemente volveré a callar...

lunes, 12 de noviembre de 2007

A propósito de blogs...

Con la reciente fiebre del blog y sus desconfiados detractores, les recomiendo la entrada del sábado 20 de octubre, que aparece en el blog de Geney Beltrán.
www.elgeney.blogspot.com

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Sigo negándome a transigir

A veces me niego a transigir, me cuesta mucho aceptar la transición de mi propia escritura; el amor y desencanto no son como antes las fuentes inagotables de mi inspiración, ahora mi vida ha encontrado una suerte de remanso o estabilidad en aquellos los temas más recurrentes de la escritura universal...el amor y desamor.
No me refiero en cambio a un repentino olvido o la paulatina muerte del corazón, por el contrario acepto la buena fortuna que me brinda la felicidad histérica y abrupta del amor bien correspondido y con ello la obligada ingratitud de quien lo tiene casi todo, incluso el atrevimiento de aceptarme incompetente para ensalsar mi tesoro como antes trataba de inmortalizar mi dolor.
Afirmar que se trata de una condición meramente humana, me supedita al egoísmo de creer que soy el ombligo del mundo, aún cuando a estas alturas ya ha nadie, incluyéndome a mí, le importe.
Me niego a ser del promedio y a la vez pareciera que me empeño en seguir los estándares, tengo miedo de mí, de hundirme en la mediocridad de mis miedos; de ser yo mi único lastre, de no poder escapar a mis propios deseos.
Soy sin duda alguna, una persona avejentada, cansada de haber vivido en pocos años lo que se espera vivir en toda una vida; soy alguien avejentada pero no por ello madura. El cansancio y el hastío son características de mi alma, que entre tantos caminos recorridos, sigue sin aprender absolutamente nada.
Mi ignorancia revive mi renuencia a hablar de algo más que no sea yo, mi ego decrecido por el tiempo, me exige omitirme al existir, gritándome que ya no hay nada especial, nada que pudiera contar o que a alguien le interese leer; aún ahora sé que mis frases quedarán vacias ante un mar de desencantos furtivos sin un lector que les dé vida y permita se desenvuelvan en la manera a que toda expresión tiene derecho.
Mi lucha infructuosa por continuar lo que tanto anhelé en mis rimeros años de vida, se antoja muerta a los pies de los primeros años, los más duros que me quitaron la altanería del hambre de insistir en vivir todos los que me resten...

lunes, 18 de junio de 2007

Reflexiones ensimismadas

¿Y qué me queda ahora de los tiempos en que el dolor era una constante en mi vida?; cuando respirar era tan solo el impulso que por inercia mi cuerpo realizaba, para poder sobrevivir al lacerante recuerdo de aquello que nunca acepté merecer.

¿Qué ocurrió con cada una de las lágrimas derramadas a cada latido del corazón?, Será acaso que no fue más que la obscura pesadilla de la vida de una persona tan ajena ,que ni siquiera hoy puedo reconocer. Aquél mismo ser desconocio que habitó mi cuerpo aprovechando la debilidad de mis propios instintos, se desvanece poco a poco en mi memoria sin atreverse si quiera a dar la cara.

Aún hoy su cobardía continúa latente, atenuada tan solo por el miedo que siento de volver a vivirlo, aunque sea sólo en mi recuerdo.